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Patio Criollísimo

Tom, ¡El Fotógrafo!

Tom, ¡El Fotógrafo!

 
Por Luis Machado Ordetx

Tal vez no miento cuando afirmo que no quedó un espacio de la geografía y el acontecer social villaclareño que escapara de la mirada escrutadora y de la recopilación impresa en papel o en pruebas de negativo tomadas por el fotógrafo López Godoy, recién fallecido el pasado martes en Santa Clara, su ciudad natal. 

José Antonio López Godoy (TOM) se escapó de la vida cuando menos lo pensaba; como el agua en las manos dejó su último tiempo sobre la tierra después de cumplir siete décadas de existencia y más de medio siglo en la reconstrucción de la realidad; con cámaras en ristre y trajines de composición de imágenes fotográficas, estuvo allí justo donde las instantáneas adquieren la acabada dimensión artística o informativa.

Todo el talento surgió en el estudio “La Luz”, a un costado del antiguo café “Parisién”, en la esquina de Marta Abreu y Máximo Gómez,  ocasión en que todavía adolescente, se unió al equipo que organizó Raúl Cabrera del Valle, el propietario del inmueble, enfrascado en ofrecer servicios comerciales que postergaran a la memoria documental aquellos instantes familiares de una boda, un cumpleaños; sencillamente un recuerdo o un trámite oficial.

En esa fecha adquirió las dotes de impresor junto a las labores de tono y acabado fotográfico, impuestas al papel impreso —en blanco y negro, sepia o coloreado— que conseguían José Ramos Pichaco y José Hernández Mesa; luego cada uno, en el primer lustro de la década de los años 60 tomó otros lugares para el ejercicio de la profesión.

La satisfacción por las cámaras analógicas, las sesiones de laboratorio; el intercambio ameno con otros artistas del lente —Roberto Busto Santiago y Juan José Fernández—, lo vincularon al naturalista Alfredo Nieto Dopico, quien en más de una ocasión, en investigaciones de campo, lo precipitó a la búsqueda del exotismo de la flora y la fauna en los humedales y cayerías de la costa norte o sur del centro cubano. Por ahí están, en libros y diapositivas, cientos de fotos que tomó TOM de las colonias de flamencos rosados, cocodrilos, palomas y zunzuncitos.

Semanas atrás, previas a este martes cuando lo sorprendió la muerte provocada por un insospechado mal hepático,  recordamos en un banco del Parque Vidal los momentos finales de los años 80, cuando junto a José Ramón de Lázaro Bencomo (Delarra en las artes contemporáneas), tomó las imágenes de cada uno de los procesos originales de la escultura del Che Guevara que tutela el Memorial en Villa Clara, y de la mano del escultor buscó afanosamente aquella portada de la revista Renacimiento en que aparecía un fotograbado del “Niño de la Bota Infortunada”; ambos creadores estaban enfrascados en reconstruir, cada uno en cofradía, una réplica del original de la escultura en calamina enclavada en la plaza central en 1927.

Tanta información oral o documental encontraron que, al fin consumaron el propósito el sábado 15 de julio de 1989, aniversario 300 de la fundación de la ciudad, y el “Niño de la Bota” dejó de ser un recuerdo inexistente para convertirse en una realidad escultórica.
También los monumentos de la ruta invasora del Generalísimo Máximo Gómez por territorio villaclareño llevaron la impronta de TOM; de ese modo el recreo de la memoria histórica, la disposición y la evocación por el periodismo, y el sentido escrutador del artista, jamás se apagaron en la inquieta mirada que, desde un tiempo atrás, juramentó en estremecido soliloquio no tomar más entre las manos una cámara; esa fue su voluntad y el tiempo le concedió la gracia de situarse junto a los curtidos fotógrafos de nuestra época.

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