Blogia
Patio Criollísimo

A La Escuela hay que Llegar... en Lancha

A La Escuela hay que Llegar... en Lancha

Puntual. Siempre puntual -a las 6:00 a.m-, Arquímides y Elvis Dorta, padre e hijo, encienden el motor de su lancha para transitar por el Lago Hanabanilla, entre los lomeríos del Escambray villaclareño. Van en busca de sus pasajeros más pequeños, quienes los esperan en la otra orilla vestidos de pioneros y prestos a asistir temprano a la escuela.

El recorrido de los timoneles se inicia desde el punto de embarque en la comunidad que le da nombre a la laguna. Durante uno de sus habituales amaneceres los sorprendimos. Quisimos vivir con ellos el placer de una travesía que se repite de lunes a viernes, desde hace 49 años.

La parada inicial fue en El Naranjito. Allí subieron las primeras viajeras, por ser un martes. Tamlanchabién pudo ocurrir un jueves. Son los días que Mariángel Rojas Hernández recibe junto a su mamá las clases del programa Educa a tu Hijo. O sea, las vías no formales del sistema educacional para niños mayores de tres años que no asisten al círculo infantil.

De ser otro día, el rumbo sería por una de las curvas de la ladera del macizo montañoso. Este giro resulta imprescindible para recoger a Claudia Fernández Rodríguez.

La niña viene con la mochila a su espalda, la jabita de la merienda en una mano y en la otra, un vaso de café. «Su mamá siempre envía un poco de la primera colada del día», comenta uno de los hombres a la vez que la ayuda a subir.

No importa que el patrón sea Osmar Quintana, El Chino, quien acompañado de Nelson Dorta hace las rotaciones semanales con Arquímides y Elvis. Los cuatro hombres asumen idénticas responsabilidades y las familias de los menores no saben cómo agradecerlo.

«Dice mi papá -comenta la pequeña Claudia- que todos son muy buenos».

Y es que, desde que incluyeron este punto en el recorrido, a ella le resulta más fácil el transito hacia la escuela Mariana Grajales donde pronto culminará el 2º grado. Antes tenía que ir con su progenitor en una canoa hasta Río Negro y esperar allí la lancha.

Mientras la infante busca acomodo en uno de los asientos, se efectúa un volteo hacia el Campismo donde espera Lizandra Quesada Naranjo. Durante cuatro cursos ha sido la única viajera que sube en este sitio.otra lancha

«Ya le perdí el miedo, pero cuando más chiquita no dejaba de llorar hasta que no me bajaba», nos dijo sonriente.

El sol asoma por el horizonte. Ha transcurrido una hora y aún en La Lima y el Hotel, otros alumnos aguardan por el transporte. El tiempo está bien cronometrado. Los 20 años de experiencia de Arquímides niegan la frase de la canción popularizada por Carlos Gardel.

«Dos décadas en esta responsabilidad significan muchas cosas -argumenta desde la proa- porque cada día vivimos una emoción diferente. Nos preocupamos cuando al llegar a los lugares, los niños no están, Quizás se encuentran enfermos y vamos hasta su casa para comprobarlo y así informárselo a la maestra.

«Los días que más disfrutamos son los de las fechas patrióticas porque izamos la bandera. El 28 de octubre, por ejemplo, todos vienen con flores para Camilo. Antes de bajarse las dejan caer al agua.»

Arquímides culminó su relato a la vez que Elvis, desde el timón ponía punto final a la travesía. Tal como lo habían previsto, 15 minutos antes de las 8:00 a.m. los pioneros descendieron de la lancha para acudir con puntualidad al matutino y a sus habituales aulas.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

Zaira -

Q divertido, yo viajo como una hora apretada en tren!!

Osmaira -

Gracias colega y te reitero las felicitaciones. También las hago extensivas a quienes reportan nuestra cotidinaidad en la web.

Zenia -

¡Què curioso Osmaira¡. Me ha dado mucho gusto leer esta crònica.
Que tengas un buen 14 de marzo, Dìa de la prensa cubana.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres