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Patio Criollísimo

¿Sin Temores a los Temblores?

¿Sin Temores a los Temblores?

Aquella tarde decidí «comerme la guácima». La hora se pintaba sola para una buena siesta. Sin pensarlo mucho, hice como cualquier universitario que busca un pretexto para ausentarse del primer turno de clases en el horario vespertino.

Quienes conocen las calurosas aulas de la Universidad de Oriente pueden comprender los motivos para regresar a los refrescantes cuartos de Becas Quintero y reposar. ¿Reposar? En verdad el pretendido descanso se interrumpió con el movimiento inesperado de la litera.

«¡Está temblando!», gritaron desde el otro lado del edificio.

Estaba a medio vestir y en posición horizontal, cuando la voz resonó otra vez en mis oídos: «¡Caballeros, la tierra tiembla!». La expresión llegó mezclada con el chirriar de mesas, banquetas, closet, cubos, vasos y libros. Los veía zarandearse. Quedé estática. Segundos más tarde eran mis piernas las temblorosas. En un santiamén salté de la cama al tiempo que me vestía. Todos reían a mi alrededor.

No sabía cuan gracioso puede ser estar apoyada de espaldas a la pared, sin poder sostener el cuerpo y preguntando cuando terminaba aquello. «Ya pasó, fue unos segundos nada más», comentó alguien. Con mucha naturalidad fueron apareciendo opiniones sobre si el sismo habría sido de uno coma tanto grados, o más. Otros comenzaron a rememorar los ocurridos en años recientes. A las tantas anécdotas relatadas para el próximo suceso ya añadirían la mía, pensé mientras entre risas me reponía del susto. Poco a poco caí en cuenta de que no viví una película, sino las reales advertencias de mi mamá. «Mija, cuídate, mira que en Santiago de Cuba ocurren temblores.»

Lo mismo lo escribía en las cartas o lo repetía por teléfono. Para calmarla le explicaba las medidas de protección. Hasta llegué a decirle, con la misma tranquilidad de los compañeros de aula, que acababa de ocurrir un temblor perceptible, pero casi ni me había enterado. Bien, porque estaba caminando o me encontraba de pie en algún lugar. Son algunas de las maneras en las que usted no siente cómo la tierra se mueve bajo sus pies.

Sinceramente, me costó creer que algún día presenciaría un fenómeno de esa naturaleza. «En Villa Clara no pasan estas cosas», afirmábamos los de acá, con total convencimiento. Claro, en esa época —años 90— desconocíamos los datos que ahora ofrece el Dr. Tomás Jacinto. Chuy Rodríguez, experto del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, radicado en la Ciudad Héroe. Entre sus estudios como investigador titular, Chuy Rodríguez posee el referido a las consideraciones sobre la peligrosidad sísmica con fines de desarrollo sostenible, en la región central de Cuba.

Los datos recopilados por el especialista dan cuenta de que, históricamente, desde 1502 hasta el 2005 se habían reportado sismos perceptibles y fuertes en la zona más céntrica del país. El ocurrido en Remedios, a las 3:52 p. m. del 15 de agosto de 1939 aparece como el primero reportado de gran repercusión en la provincia. Con una magnitud de 5,6 grados en la escala de Richter fue registrado, incluso, por todas las agencias sismológicas internacionales. Uno de los daños ocasionados fueron grietas dejadas en las paredes del hospital remediano.

Eventos similares y de menor intensidad también han sido perceptibles en las provincias vecinas de Sancti Spíritus, Cienfuegos y Matanzas. Aunque en general, a lo largo de todo el archipiélago cubano, incluido el municipio especial de La Isla de la Juventud, han ocurrido indistintamente movimientos sísmicos. No se trata de quitarle a los santiagueros «el privilegio» de sentir en cuerpo propio un temblor de tierra. Pero bien vale saber que tanto en el oriente, centro y occidente del Verde Caimán existen zonas sismogénicas.

Los movimientos telúricos resultan impredecibles. Mas, con el tiempo se aprende a convivir con ellos y sobre todo a tomar medidas para enfrentarlos y evitar los mayores daños posibles. Según lo orientado por el Estado Mayor de la Defensa Civil ante un sismo la medida primaria e indispensable consiste en tener en cuenta la posibilidad de salir de los inmuebles donde se encuentra la población por una vía segura, conocer cómo y dónde se deben conectar los equipos eléctricos y el agua, y portar la identificación oficial.

También se indica mantener preparadas las políticas efectivas de seguridad, alerta, evacuación y aviso temprano para evitar pérdidas humanas y económicas. Por ser eventos naturales impredecibles, la anticipación al hecho solo puede hacerse a través de la planificación que realizan los servicios de protección civil, de modo que se apliquen medidas de evacuación de aquellas zonas donde se prevea sus efectos más devastadores. Cuando se conocen bien las características geográficas de la tierra que pisamos, bien sea en Santiago de Cuba, Pinar del Río o Villa Clara, cada cubano debe saber vivir sin temores a los temblores.

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