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Patio Criollísimo

Descortesía en Línea

Descortesía en Línea

«Oye, ¿Fulanito está?», «Póngame con Menganito», «Es la casa de Esperancejo?» «¿Qué es eso ahí?»... Interminable resultará la lista de frases parecidas que, tras el timbre de un teléfono se dicen de golpe y porrazo.
Tal parece que el sentido común ha desterrado del vocabulario otras que deben antecederlas como: «Por favor», «Sería tan amable de...» «Si no le causa molestia podría...», «Me he comunicado con...». O al menos iniciar el diálogo telefónico con un gentil saludo según el horario en que se comunica.


No. La tendencia consiste en preguntar a rajatablas por la persona con quien se desea comunicar. Muchos, incluso, exigen información pormenorizada sobre la hora en que Fulanito, Menganito o Esperancejo estarán presente en su hogar o puesto de labor. Las anécdotas son innumerables. Muchas de ellas ilustrarían cuánto desagrado se experimenta a través del auricular al iniciarse una plática de manera irrespetuosa.


Tampoco marcar un número equivocado —algo inevitable e impredecible—, constituye razón alguna para insultar a quien yerra. Cierto que a muchos clientes domiciliarios les causa molestias que casi a diario los llamen confundiendo su hogar con una farmacia, la terminal de ómnibus, un círculo infantil, la panadería o la casa de otra persona. Mas, ante tales casos no se puede perder la cordura. Si ya es conocido que con frecuencia se incurre en errores semejantes, lo correcto y humano consiste en indicarle a quien llama el dígito adecuado.  

En estos trajines telefónicos lo peor ha sido constatar, durante los quehaceres reporteriles, cómo algunas recepcionistas o secretarias de organismos a los cuales acudimos para obtener una información determinada, incurren en faltas de cortesía. Existen, incluso, aquellas que se extralimitan con un tratamiento carente de seriedad al punto de tutearnos o decirnos «Mimi», «Pipo», «Mi amor», «Mi vida», etc.

No significa negar la afabilidad que por idiosincrasia identifica a los cubanos.  Se trata de emplear cada término en su momento justo. Sin duda, cuando utilizamos el teléfono para trabajar no se siguen las mismas normas que en las llamadas particulares con amigos y familiares. Desde las oficinas, no deben establecerse conversaciones telefónicas sobre temas personales. Lamentablemente, constituye una violación generalizada en los centros laborales cubanos.


De una u otra forma, en cada ocasión, lo primero es identificarse con el nombre. Si se realiza desde una empresa también será beneficioso identificarla para establecer una comunicación adecuada. En caso de que la persona solicitada no se encuentre, es lícito preguntar por el horario en que podrá encontrarse, pero de forma moderada. De estar ocupada, igualmente puede indagarse si es mejor esperar, o llamarle un poco más tarde.
Otro hábito común consiste en hablar por teléfono sin pensar en el tiempo, ni en que existan otros compañeros esperando por nosotros. Asimismo, se acostumbra a conversar con alguien por el auricular y a la vez con otra persona que tenemos delante. Tal acto se considera de mala educación. Menos elegante resulta tapar el teléfono para comentar sobre lo que se conversa.
En la actualidad, con la posibilidad de los servicios complementarios contamos con la llamada en espera, la cual a muchos desespera. Ante la coincidencia de dos conversaciones telefónicas, lo recomendable es no hacer esperar demasiado al oyente pendiente. Será más amable advertirle a uno de los dos que llame más tarde.


A veces, el que recibe la llamada no es con quien se desea hablar. Si la comunicación se realiza hacia una empresa, resulta permisible que se le pregunte: «¿Quién llama?» o «¿De parte de quien?». Sin embargo, ambas interrogantes resultan de mal gusto cuando tratamos de localizar a una persona en su domicilio. Lo habitual sería decir: «un momento que voy a ver si está, ¿de parte de quién?». De lo contrario —diciendo primero de parte de quien y luego a ver si está— podría interpretarse como que no quiere recibir la llamada.


Una costumbre poco aceptada radica en comer, o masticar chicle durante un diálogo por teléfono. Para evitar incomodidades entre los dos hablantes, lo aconsejable será no hacer uso de la telefonía mientras ingerimos alimentos. Entre tanto, si quien llama se percata de que su interlocutor está comiendo algo, pues debe disculparse gentilmente e indicar que se comunicará luego. 


Los que se acojan a las normas establecidas para el buen uso de este medio de comunicación, extendido incluso a la modalidad del celular, contribuirá a que disminuya la descortesía existente en las líneas telefónicas. 

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3 comentarios

Osmaira -

Gracias a usted Juan,creo que es una situación generalizada en el mundo actual.

Juan -

Saludos Osmaira.
Excelente reflexión.
No hace mucho el tiempo era oro, parece que hemos superado dicha aberración para caer en otra peor: el tiempo es velocidad, cifra, premura... Esa locura, patente en muchos ámbitos de la vida, está magníficamente reflejada y sustanciada en tu escrito. Gracias por compartirlo y un abrazo desde España.
¡Viva Cuba!

Catherine -

Hola!
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