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Patio Criollísimo

«Las Razones de Cuba son para los jóvenes»

«Las Razones de Cuba son para los jóvenes»

Con su hablar reposado lo escuché narrar anécdotas inolvidables ante una multitud de pioneros, alumnos de la enseñanza pedagógica y pobladores de la comunidad La Demajagua, en la Isla de la Juventud. En ese momento desconocía que días más tarde lo volvería a encontrar en un acto similar, aquí, en el mismo centro de la ciudad de Santa Clara donde fue recibido junto a Carlos Serpa Maceira y Dalexis González Madruga.
 
Desde que conocí la historia de Moisés Rodríguez Quesada, varias preguntas revoletearon dentro de mí. Aspiraba a que en algún momento pudiera entrevistarlo e indagar más allá de sus declaraciones en el diario Granma.
 
Veintisiete años se mantuvo infiltrado como el agente Vladimir, para la Seguridad del Estado cubano, en las entrañas de la contrarrevolución. ¿Cómo logró resistir tanto tiempo? Tal resultó la primera interrogante anotada en mi agenda de periodista. Mucho más por saber que desde muy jovencito --recién cumplidos sus 21 años de edad--, le entregó su vida a una causa tan justa como lo es defender los principios del socialismo en Cuba.
 
«La Revolución se defiende de miles maneras», les dijo a los pineros. Allí relató cuántos momentos amargos vivió durante la década de los 90. Cuando la contrarrevolución incentivó con saña la subversión interna.
 
«Había que estar bien definido --argumentó Moisés-- porque los apátridas parecían un disco rayado repitiendo que a la Revolución cubana le quedaban horas. Un día sentí tanta ira por sus infamias, que para tolerarlos busqué apoyo con el oficial de la Seguridad que me atendía. Con él logré desahogarme. Confié mucho más en el Comandante en Jefe. Y es que no podía hacerlo con otras personas».
 
Otro momento en el que se le mezclaron alegría y tristeza fue cuando la menor de sus hijas se iniciaba como miembro de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM).
 
«Como todos los padres esperaba ese feliz momento, pero mi expediente de contrarrevolucionario era amplio y aunque el director de la escuela permitió que presenciara el solemne acto, a la vez me prohibió entrar la cámara fotográfica para dejar un recuerdo de ese instante tan especial en la vida de mi hija. Lloré en silencio, y al mismo tiempo sentí felicidad al ver a mi pequeña tan linda con su pañoleta».
 
En medio de la multitud, allá en la Isla de la Juventud busqué la manera de acercarme a este gran hombre que con tanta insistencia dijo:
 
«Por ustedes, por los niños y jóvenes de este país hoy estamos aquí. Para que vivan felices. Para que comprendan la importancia de conocer la Historia y defenderla conscientemente. Con uñas y dientes si fuera necesario.
 
«Nosotros hicimos de corazón lo que se nos indicó. Sin flaquear un minuto. Siempre confiamos en que nada nos detendría. Hubiéramos seguido en la misión por el tiempo que fuera obligatorio, sin interesarnos sacrificios mayores como las relaciones familiares. Pero el pueblo cubano necesitaba conocer estas verdades que ahora se publican en la serie de documentales La Razones de Cuba, para los jóvenes. Con el fin de que no se dejen confundir, ni engañar por los medios de prensa del imperio.»

Después de esas confesiones, pocas preguntas quedaban en mi interior. Mientras los habitantes de La Demajagua colmaban de besos y abrazos a Carlos Serpa Maceira, pues ahora es su héroe, y no un traidor vocero de las mal nombradas Damas de Blanco, preferí abrirme paso entre la multitud congregada en el pedagógico pinero Carlos Manuel de Céspedes hasta estar frente a frente con Moisés Rodríguez Quesada.
 
Bastó presentarme como una huésped que como el él visitaba la Isla de la Juventud. Mas, le expliqué que pocas veces nos despojamos de los gajes del oficio periodístico por lo tanto sentía la urgencia de hacerle únicamente esta pregunta:
 
Usted que vivió por 27 años dentro de la contrarrevolución en Cuba, dígame, ¿cuánto tiempo más le queda de vida a esos grupúsculos?
 
--El tiempo que los cubanos dignos quieran. Para cada hijo de este pueblo es imperioso combatir todo acto de ignominia y de agravio a nuestras tradiciones y principios revolucionarios. Si actuamos unidos, ellos se debilitan. Se han revelado informaciones que los desmoralizan. No dudes de que les queda muy poco, muy poco.
 
Ayer, 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, recibí entre tantos homenajes la gran satisfacción de reencontrarme con Moisés, durante su visita a Santa Clara. No hizo falta acercarme otra vez al Vladimir de la Seguridad del Estado cubano.
 
Lo escuché nuevamente. En su hablar reposado encontré todas las respuestas posibles mientras se dirigía a los jóvenes villaclareños para alertarlos --tal como lo hizo en tierras pineras--, y pedirles que luchen por un mejor futuro. Porque el destino de Cuba depende de cuánto amen a la Patria, de cuántas razones más aparezcan para defenderla.

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