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Patio Criollísimo

Las Distinciones de Enma

Las Distinciones de Enma Foto: Ramón Barreras Valdés 

Un día de 1977 Enma Hernández González decidió dejar de ser ama de casa. Tenía solo 20 años, estaba recién casada y acababa de nacer Maddiely, la mayor de sus dos hijas. Pero la muchacha que era entonces no aceptó por más tiempo estar sin hacer nada.

En cuanto conoció de la convocatoria para el curso de titulación de educadora de círculos infantiles se sumó al llamado. Su disposición implicaba trabajar y estudiar a la vez, mas se imponía hacerse alguien en la vida. Desde la fecha hasta hoy se desempeña en la noble labor de enseñar a los más pequeños. Lo ha realizado sin descanso. Ni siquiera ha presentado un certificado médico en sus tres décadas de abnegado trabajo.   

«Solo me ausento en el mes de vacaciones, y aun así siento el deseo de regresar, pues me hace mucha falta el contacto con los niños. Incluso cuando las mías se me enfermaban les bajaba la fiebre en la casa y venía al menos por un rato al trabajo», afirma quien además de ser educadora ejemplar en el círculo infantil Edad de Oro, pertenece al ejecutivo de su sección sindical, funge como organizadora de su CDR y asume el rol de madre y esposa. 

¿Por qué tanta entrega?

—Me gusta mucho mi profesión. No existe mejor recompensa con uno mismo que hacer lo que nos complace.

— ¿Cómo logra compartir el tiempo entre varias tareas?    

—El tiempo siempre aparece. Cumplo ante cada responsabilidad con el mismo interés de hacerlo lo mejor posible. Lo planifico todo de tal manera que las 24 horas del día me alcanzan. No sé hasta cuando será así, pero

mientras pueda lo haré.   

Enma se ha creado el hábito de levantarse cada jornada laboral a las seis de la mañana. Así puede preparar sin apuros el desayuno para que tanto ella como su esposo Bernardo, inicien la faena diaria.  A él le ha correspondido ofrecer el mayor apoyo durante más de treinta años de relación.

«Por la tarde, el primero que llega va para la cocina. Cada cual desempeña su papel dentro del hogar», dice

orgullosa una mujer que ha sabido inculcar en el seno familiar la cooperación tal y como lo hace con los infantes. 

— ¿Cuál es la mayor exigencia para una educadora?

—La preparación sistemática. Debemos estar bien informadas sobre los acontecimientos del día. Trabajamos mucho con las efemérides para infundar sentimientos patrióticos y revolucionarios. Y hay que hacerlo de forma fácil para la mejor comprensión de los pequeños. Con un lenguaje apropiado para su edad y mediante el juego.

— ¿Y la mayor satisfacción?

Ver a los niños convertidos en hombres y mujeres, con una profesión acabada. Me alegro muchísimo cuando vienen a verme. Hace poco estuvo por aquí Yorkis la Rosa, nuestro pelotero. También me visita a menudo Luis Leonel, quien estudia en la Escuela Nacional de Arte gracias a que le descubrimos sus aptitudes musicales aquí en el círculo.

¿Qué le preocupa en estos momentos?
 

—En lo personal la continuidad de estudios de Marbelys, mi hija menor. Todavía cursa el 11no grado en el IPUEC Capitán Roberto Rodríguez, pero desde ya su padre y yo nos interesamos por su orientación vocacional para que se decida por alguna carrera universitaria.También me preocupa el futuro de mi profesión. En estos momentos se hacen captaciones de muchachas con inclinaciones hacia la labor educativa, sin embargo nos falta mucho para lograr motivaciones en el relevo.

Usted también es tutora de una de ellas…

—Efectivamente, luego de categorizarme docentemente me asignaron la tutoría de Sahilí Morales, una joven egresada del Curso de Superación Integral. Ahora cursa estudios de licenciatura en Educación Infantil. Asiste al círculo un día a la semana como parte del componente laboral, así como una vez al mes durante siete días participa junto conmigo en las distintas actividades formativas. Aquí le trasmito mis conocimientos y sobre todo las experiencias personales. De tal modo trato de buscarle incentivos a su afición por una labor que requiere, sensibilidad, dulzura y paciencia.           

Por su trayectoria laboral, Enma se ha ganado gran prestigio entre  sus compañeras de labor. Para Estrella Banguela, por ejemplo, ha sido muy grato compartir por más de 20 años el mismo salón. «La conozco desde mis comienzos como auxiliar pedagógica. A admiro por su  compañerismo y conocimientos docentes.»

Entre tanto Annia Suárez, la educadora musical le reconoce su humanismo y capacidad para exigir y a la vez autoexigirse. «Es muy sistemática, cumplidora, espontánea y jamás falta.»

A estas valoraciones se añaden los reiterados reconocimientos morales de los que ha sido acreedora en su centro de trabajo y como educadora destacada a nivel municipal, mérito que ahora recibe a nivel provincial y que ostenta por llevar en su pecho como mejor distinción el amor por los niños.          
    

 


    

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