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Patio Criollísimo

«Como jamás tan vivo»

«Como jamás tan vivo»

   Miradlo caminar, sereno, erguido,miradlo entrar de pie, por las canciones de los pueblos.Miradlo entrar, como jamás tan vivo en espejo del hombre convertido Félix Pita Rodríguez. 

Che vive. Lo vemos, como dijera Nicolás Guillén, «cada día ministro,/ cada día soldado,/ cada día gente llana y difícil cada día./ Y puro como un niño, o como un hombre puro…». Entre versos y canciones cobra vida, a pesar de la inaceptable muerte.

Y tanto más revive bajo el mármol verde de su Plaza.

Ante la visita de los seguidores de su ejemplo. O de la presencia de aquellos que por primera vez se acercan a su historia y aprenden a conocerlo.

Che palpita y crece. Resurge desde el nicho donde sus guerrilleros huesos reposan. Santa Clara los recibió hace casi una década. Los acogió como simientes. Para tener al héroe más presente, perdurable. Convertido en motivos para que cubanos y foráneos acudan al reencuentro memorable con su leyenda. A imitarlo en sus acciones. 

Muchos van hasta él para expresar el orgullo de tenerlo entre nosotros. Una entre tantos es la santaclareña  Norma Vázquez, quien sin falta lleva sendas flores al Comandante Guevara en cada uno de sus aniversarios de nacimiento y caída en combate. «Desde que sus restos llegaron vengo con frecuencia al Memorial. Es uno de los revolucionarios que más quiero y admiro por su entrega y sacrificio».

Otros vienen desde muy lejos. Tras muchos años de procurar llegar, como escribiera en el libro de visitas el filósofo argentino Horacio Ceruti: «Al fin pude hacerlo y me voy cargado de energías y emociones. ¡Hasta la victoria siempre!»

Cuarenta años han transcurrido desde el asesinato en La Higuera. Poco tiempo para creerlo muerto. Valen más sus 79 de bien nacido. Bendecida sea la ciudad del Rosario por verlo llegar aquel 14 de junio de 1928. Afortunada Altagracia por acogerlo como hijo y protegerlo contra el asma. Mucho más feliz el mundo por saberlo multiplicado.

Che, no deja sucumbir el porvenir. Morir tuvo su impacto, pero se hizo inmortal. Paradigma de hombre. Semilla inspiradora. Por su lucidez intelectual, espíritu indomable, capacidad de acción y entrega total a una causa.

Sus contemporáneos se contagian con tanta valentía acumulada. En las nuevas generaciones se encarnan sus ideales y valores. Con él la Historia avanza hacia cotas más altas de altruismo.

Y como su patria fue la humanidad, de toda ella vienen hasta aquí, su ciudad, hombres, mujeres, niños y ancianos deseosos de rendir homenajes cotidianos a quien más de sí ofreció en beneficio de la colectividad, de la revolución, del futuro.

Bajo su estatua bronceada, con el hálito conmovedor de la sugerida selva boliviana, comandando su Destacamento de Refuerzo y con la estrella guevariana más brillante, los visitantes constatan que Che vive. Porque al decir de otro poeta camagüeyano, Alberto Curbelo: «El siglo aunque sediento está dejando/ tu costillar, tu sueño y tu destino…». 

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