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Patio Criollísimo

Sin Ceder Terreno al Fuego

Sin Ceder Terreno al Fuego

Foto: Manuel De Feria García y Héctor Martínez

 Las trochas, franjas mineralizadas o fajas de control preventivo posibilitan impedir la propagación de la candela

El hombre aprende día a día a convivir con la naturaleza. De lo contrario sería imposible la perdurabilidad de la vida en la Tierra. De ahí que extremar las medidas para enfrentar eventos meteorológicos como la sequía resulten sumamente necesarios. Sobre todo cuando se trata de evitar la ocurrencia de incendios forestales, los cuales dañan el patrimonio boscoso.

Cuánta tristeza se percibe cuando el verdor de nuestros campos se transforma en el ocre provocado por la falta de aguaceros. Mayor angustia se siente si los arbustos y pastos se cubren de cenizas. Con la quema se afectan tanto la flora como la fauna. Aunque durante la semana que culmina cayeron unos pocos milímetros de lluvia, las sabanas y llanos de Villa Clara corren el riesgo de incendiarse por la intensa acción de calor presente en los niveles subterráneos.

 Así lo asegura Cristino Velázquez Ávila, especialista del cuerpo de guardabosques en la Empresa Provincial Forestal. Por sus casi 40 años de experiencia combatiendo las llamaradas en las extensas áreas verdes, él posee voz autorizada para alertar sobre la posibilidad de un incremento de los focos de fuego. Bien hayan surgido por motivos biológicos o provocados por actitudes negligentes de los seres humanos. De ahí el imprescindible clamor de atención para los puestos de mando en las zonas más vulnerables de los municipios villaclareños como Santa Clara, Manicaragua, Placetas y Corralillo, con énfasis en la comunidad de Motembo.

«Hasta la fecha solo hemos detectado tres, en zonas santaclareñas —explica—, pero debemos considerar que se acercan los meses que marcan la media histórica de estos sucesos. Entre enero y mayo acontecen, como promedio, unos 200 incendios pequeños. De ellos, en los últimos 15 años, el 3 % ha sido de gran intensidad. Vale advertir que en este período el 70 % de las aves y otros animales se encuentran en etapa reproductiva»

—¿Alguno de esos incendios provocó afectaciones de gran magnitud?

—Podemos mencionar varios, pues Villa Clara se ubica entre las cinco provincias donde ocurren la mayor cantidad de inflamación forestal en el país. Nos anteceden Santiago de Cuba, Pinar del Río, Camagüey y Cienfuegos. «Una de las combustiones más difíciles de controlar ocurrió el 17 de mayo de 2006. Fueron afectadas 272 hectáreas de bosque en la sabana de Santa Clara, e incluso perjudicó una porción de los llanos de Agabama. No olvido la cantidad de nidos de distintas especies que se afectaron y las incontables jicoteas incineradas. También podemos referir un hecho similar ese mismo año en Punta Felipe y otros dos en Motembo, en 1991 y 2003. Estos últimos, coincidentemente, empezaron el Día de las Madres

— Al indagar las causas, ¿cuáles predominaron?

 — En el 90 % de los casos se debieron a la acción indolente del ser humano e irresponsabilidad. No tenemos constancia de que hayan sido intencionales, sino por el descuido y desconocimiento de que en época de sequía no se deben hacer castraciones de colmenas mediante la candela. Tampoco los cazadores furtivos pueden hacer hogueras para cocinar en medio del campo.

—Desde el 1º de febrero, comenzó la etapa de alto peligro debido a la intensa sequía. El cuerpo de guardabosques inició la fase ejecutoria para combatir posibles fuegos. ¿Qué medidas deben tomar los propietarios del patrimonio forestal?

—Las empresas vinculadas al MINAZ, y al MINAGRI, así como los campesinos reordenan el sistema de aviso desde los puestos de mando que integran estos organismos. Junto a ellos participan la ANAP, el MININT y los representantes de nuestra empresa en cada zona. Además, contamos con brigadas profesionales, especializadas y voluntarias que se activan de acuerdo con las proporciones de las llamas. Corresponde a las administraciones y a quienes poseen propiedad de este recurso natural actuar con inmediatez ante un posible foco de incendio, a fin de evitar su propagación y que se convierta en un fuego incontrolable.

—¿Con qué fin hacen las trochas?

—¡Ah, son de suma importancia! Muchas veces las hacemos a la misma vez que se combate la candela, según sea la dirección del viento. Resultan de gran utilidad para contrarrestar la expansión del fuego. Es lo que popularmente se denomina dar contra candela.

—¿Cómo saben el momento en que el viento provocará un giro en las llamas?

Cristino sonríe como el más seguro de los sabios. Basta con detallar en su mirada y en el gesto de las arrugadas manos para comprender los secretos del oficio. Sin que medien tantas palabras responde: «Se adivina. El propio color del humo lo anuncia.» A punto de finalizar el diálogo, aparecen innumerables anécdotas. Para un hombre entregado a defender la naturaleza vale reservar próximos espacios en estas páginas para revelar historias increíbles como la del fuego sofocado años atrás en Carahatas y en cuyo lugar surgió una laguna. «No deja se ser un curioso hecho natural —advierte—, pero lo que se impone ahora es continuar instruyendo al pueblo en la urgencia de no cederle terreno al fuego.»

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