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Cómo enfrentar el estrés

Cómo enfrentar el estrés

Mucho se habla en nuestros días del estrés. Hay quienes jaranean y dicen: «Yo lo que tengo es un escuatro, escinco…» Lo dicen para relajar un poco las tenciones, pero lo cierto es que poseen un alto por ciento de ansiedad y hasta han perdido el control sobre sus actuaciones. Pero se habrán preguntado ¿por qué surge? ¿Conocerán cómo sobrellevarlo?

El miedo a la pérdida del control es una de las causas del estrés. Si usted es de los que en algún momento se ha sentido muy ansioso, con temores, angustia, agresividad o depresión; problemas de relación, dificultades de concentración, atención y memoria, trastornos de las funciones corporales, disminución de la inmunidad e insomnio, pues está presentando sus síntomas y debe aprender a enfrentarlo.

Para ello, lo primero es conocer que existe el estrés normal y el estrés crónico. El primero es la reacción natural frente al peligro, el cuerpo se prepara para defenderse o huir. Es un mecanismo de adaptación que nos protege frente a los cambios. Por su parte, el segundo es un estado de sobre estimulación, debido principalmente a un alto nivel de exigencia, altas expectativas, afán de perfeccionismo, y a la necesidad de competir para llegar a tener éxito.

Es bueno conocer también que el estrés se produce tanto por factores externos como internos. Los factores externos pueden ser estímulos como el ruido, las exigencias laborales, los problemas de relación, separaciones, divorcios, mudanzas, casamientos, operaciones quirúrgicas, viajes, pérdida del trabajo, el cuidado de un enfermo, duelos y cualquier otra circunstancia que pueda provocar una sobre exigencia mayor que la habitual.

Los factores internos son los distintos modos de vivir las experiencias que tiene la gente, que tienen que ver con su temperamento básico y su carácter. Por eso, la forma de reaccionar frente a las situaciones determina las diferencias entre una persona afectada por el estrés y otra que sobrelleva con mayor fortaleza sus problemas. Por ejemplo, quienes poseen una personalidad competitiva son adictos al estrés crónico, se siente bien estando apurados, haciendo dos o tres cosas al mismo tiempo, manteniéndose activos y enfrentando desafíos y sobresaltos.

De acuerdo con el investigador cubano Dionisio Zaldívar Pérez, en el ámbito laboral el término estrés ha adquirido una creciente importancia y popularidad. Cuando este concepto se introdujo en la salud, se definió como: «una respuesta general del organismo ante cualquier estímulo estresor o situación estresante». Sin embargo, hoy en día se reconoce que el estrés es algo más que el estímulo o la respuesta, considerada independientemente, y se le define como proceso transaccional en el que interactúan las condiciones ambientales y las características de los individuos.

Estudios realizados sobre el tema dan cuenta de que es un estado vivencial displacentero, sostenido en el tiempo, acompañado en mayor o menor medida de trastornos psicofisiológicos. Los estudiosos también señalan que esos trastornos surgen como consecuencia de la alteración de las relaciones con el ambiente, el cual a veces nos exige de forma objetiva o subjetiva, acciones amenazantes sobre las que se tiene o se cree tener poco o ningún control. De ahí que velar por la salud psíquica y mental personal y de los familiares deba ser una preocupación constante.

Por otro lado, el trabajo constituye una de las actividades más estructuradas y que le dan sentido al ser humano. En el entorno laboral, hombres y mujeres establecen las relaciones y modos de vida más frecuentes durante el día.

El estrés en general, puede ser considerado como un fenómeno causado por las interacciones sujeto-ambiente, en las que las demandas del ambiente desbordan la capacidad de respuesta de los individuos y condicionan su sentimiento de la pérdida de control. Cuando las relaciones hombre-ambiente son alteradas en el centro de trabajo, por la presencia de demandas, objetivas o subjetivas, que desbordan las posibilidades y recursos del sujeto para darles respuesta aparece el sentimiento de la pérdida de control como elemento clave en la vulnerabilidad del sujeto y en sus respuestas de tensión y provoca un tipo específico de estrés, el laboral.

Conocer en qué consiste, sus fuentes y las situaciones físicas o psicosociales que lo favorecen, nos da elementos para enfrentar su prevención y control. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) se refiere al estrés laboral como: «Enfermedad peligrosa para las economías industrializadoras y en vías de desarrollo. Perjudicando a la producción, al afectar a la salud física y mental de los trabajadores». En este caso puede ser observado como una desfavorable interacción entre las características del trabajador y las condiciones del trabajo que conduce a perturbaciones psicológicas y comportamientos malsanos, y finalmente a la enfermedad.

Una vez que se confirman los síntomas del estrés, cualquiera que sea la causa que lo origina, ¿cómo debemos proceder para controlarlo? Pues con estrés resulta muy difícil convivir. Lo primero, es aprender a reconocerlo. Sus síntomas incluyen manifestaciones mentales, sociales y físicas. Éstas comprenden el cansancio, la pérdida o el incremento del apetito, los dolores de cabeza, el llanto, la falta de sueño y quedarse dormido. El manejo del estrés es la habilidad de mantener el control cuando las situaciones, la gente, y los eventos exigen demasiado. ¿Qué puede hacer usted para controlar su estrés? ¿Cuáles son algunas de las estrategias a su disposición? Un aspecto importante es fijar objetivos realistas para usted. Reduzca el número de compromisos en su vida diaria y puede que ello reduzca la sobrecarga de trabajo.

Una buena recomendación consiste en manejar cada tarea como viene, o selectivamente de acuerdo con prioridades. No se preocupe por todo el trabajo que tiene pendiente. Cambie selectivamente el modo de reaccionar, pero no todo de una vez. Céntrese en algún asunto problemático y modere sus reacciones hacia ello. Cambie la forma de ver las cosas.

Aprenda a reconocer el estrés tal como es. Reconozca las respuestas de su cuerpo y haga del estrés algo autorregulable.En resumidas cuentas, en el manejo del estrés hay que tener presente que: «el que se hace daño es uno mismo». Trate de ser positivo. Dése mensajes de lo bien que van a salir las cosas, en lugar de pensar en lo horrible que se van a poner.

El estrés puede ayudar a la memoria, siempre y cuando dure poco y no sea muy acusado. El estrés hace que más glucosa llegue al cerebro, lo que pone más energía a disposición de las neuronas. Esto, a su vez, facilita la formación de la memoria y su acceso a ella. Por otro lado, si el estrés es prolongado, puede impedir el flujo de glucosa y perturbar la memoria. Más importante todavía, si el estrés lo está poniendo en un estado insostenible o interfiriendo con su trabajo, vida social o laboral, busque ayuda profesional.

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