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Patio Criollísimo

Ciberrelaciones que laceran

Ciberrelaciones que laceran

osmaira@vanguardia.cip.cu

 

El correo electrónico llegó para quedarse. Como novedad tecnológica ya va de pasada. Esta manera de intercambiar correspondencia más bien se instaura como algo natural en las oficinas y áreas de trabajo donde se requiere de una computadora conectada a internet, o intranet.  Algunas personas, incluso, se benefician con este servicio desde sus hogares.

Sin dudas entrecruzar textos por los ordenadores casi se ha convertido en hobbi de muchos. En este sentido sobresalen quienes se  suman a cuanta cadena de mensajes aparece en sus buzones de e-mail. Pueden ser de diversos tipos, pero se saturan de chistes, presentaciones en Power Poing y advertencias sobre posibles virus.


Para quienes los envían puede resultar un placer, a la vez que se afanan en demostrar sus sentimientos de amistad hacia los destinatarios. Mientras que  estos últimos por su parte, no siempre reciben con agrado esa avalancha de textos.
Varios amigos me lo han confesado. Aborrecen esos envíos que los instan a reenviarlo una y otra vez, hasta llegar a una cifra determinada de personas. Siempre con la advertencia de que les puede fallar la buena suerte si no lo hacen. En verdad se convierte en verdadero fastidio para los usuarios que consideran el correo electrónico una esencial herramienta de trabajo.


Por tales razones sitios de intercambio profesional como XING aplica normas claras y estrictas en referencia al uso del sistema de mensajes privados. «Están prohibidos todo tipo de cartas cadena, envíos masivos de mensajes por correo electrónico y el marketing multinivel (MLM). Puedes denunciar cualquier violación de estas normas a través del menú de la derecha», advierten los moderadores.


Otros comportamientos se observan en los foros y el Chat. Se trata de dos nuevas opciones para establecer relaciones interpersonales en las que no media el intercambio cara a cara. De ahí que para algunos foristas sea más factible establecer niveles de confianza y logren diálogos desinhibidos que quizás no puedan establecer si se encontraran frente a frente con los amigos encontrados en el ciberespacio.


Así lo evidencia el siguiente texto que aparece en la sección Amistad y amor del Foro de Vanguardia:
«Esto es para Scherezada, Yaneth, Alfre, Manolitook y otros más.


Cada vez que visito el foro —lo hago todos los días— y leo sus mensajes y opiniones, sobre los diversos temas, muy bien expresadas y sinceras siento una sensación un poco.... no sé.


Por un lado siento enormes deseos de conocerlos personalmente y hacer amistad con Ustedes. Veo que son gente divertida, pero a la vez muy preparada y muy civilizada, en fin, amigos como los que busco. Pero a la vez siento temor a no ser aceptado, y no porque tenga problemas de algún tipo que pueda provocar rechazo. No. Es que a veces no sé como integrarme a un grupo de personas que ya se conocen entre sí.»


Respecto a los Chat, lo más lacerante es cómo se maltrata nuestro idioma. Coincido con Javier Arias quien en su artículo La revolución de los mensajes de texto se cuestiona: « (…) ¿uno ganará mucho tiempo escribiendo “kiero” en vez de “quiero”?».


A su entender; una letra no modificará excesivamente nuestra existencia. Más allá de las ironías advierte con razón que a veces tratar de leer alguno de esos mensajes se transforma en una tarea titánica.


Prefiero no reiterar las barrabasadas ni las injustificadas faltas de ortografía que se intercambian los chateros. Convencida estoy que las correctoras de Vanguardia no lo admitirían. Sin embargo, como también apunta Javier Arias Internet se encarga de legitimarlas. Resulta una manera de tratar de curarse a sí misma ante un mal casi incurable. Con esos fines, aparecen los usuarios denominados HOYGAN. Es decir, personas que «andan escribiendo en cada lugar que pueden la más disparatada batería de preguntas que uno puede llegar a imaginar, pero con una característica, siempre empiezan con un “hoygan”, que para los despistados vendría a ser algo así como un llamado de atención a cambio de un olvidado “oigan”.» 


Como puntillazo final aparecen los SMS (mensajes a través de celulares). Sépase que uno sin faltas de ortografía ni abreviaturas y con signos de puntuación puede costar hasta tres veces más.


 La colega María Elena Díaz Gámez lo publica en su blog LetraSSueltas. La noticia me causó gran asombro. Consideré oportuno advertir, ahora que los cubanos también nos sumamos a esa novedosa telefonía, que si bien escribir correctamente cuesta más caro, el hecho no puede significar que por ahorrar unos centavos se lacere mucho más nuestro idioma.

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