EDUCAR Y APRENDER: Los primeros pasos
Por Diurmy Llerena Siberio, Grettel Rodríguez Bazán (estudiantes de Periodismo) y Osmaira González Consuegra
Desde edades tempranas, los niños cubanos disfrutan del derecho a la educación. Para quienes no asisten al círculo infantil, o por enfermedad no pueden incorporarse al sistema de enseñanzas la requerida instrucción llega a través del programa Educa a tu Hijo.
A Yaneibis Ramos Rodríguez le diagnosticaron al nacer Ictiosis congénita, conocida popularmente por escamas en la piel, un padecimiento que provoca elevadas temperaturas en el cuerpo e imposibilita la exposición al sol. Pero la enfermedad no impide que se relacione con otros niños y asombre a todos con su precoz inteligencia.
La pequeña no desarrolla normalmente su vida escolar, lo cual puede resultar desalentador para sus padres. Sin embargo, sabe distinguir perfectamente los colores, hablar con un lenguaje claro, relatar hechos ocurridos anteriormente, realizar acciones simples de autoservicio y cuánta actividad ejecuta una menor de cuatro años.Yaneibis mira a la cámara fotográfica y sonríe con picardía. La expresión despierta emociones en Oneida Rodríguez, su progenitora y la única madre ejecutora del programa Educa a tu Hijo —conocido también como vías no formales de educación— del reparto Capiro—Santa Catalina.«El programa me sirve de mucho. Recibo orientaciones de las educadoras del Círculo Infantil Muñeca Negra y cumplo lo dicho en casa. Gracias a estas atenciones mi hija tiene un progreso en la enseñanza», comenta.
—¿Cuándo comenzó este vínculo?
—Desde el embarazo —responde Regla Dennis, la promotora del programa en el Consejo Popular de Yaneibis—, así está concebido. El médico de la familia es el encargado de iniciar las primeras indicaciones educativas. Sobre todo les explican cómo lograr una comunicación con el bebé durante la gestación y hasta el primer año de vida. Además intervienen los ejecutores de Educación, el INDER, la Federación de Mujeres Cubanas y los CDR.
—¿Cómo se insertó Yaneibis?
—Al principio resultó difícil que se relacionara con los demás niños. Poco a poco se adaptó al colectivo y hora disfrutamos mucho con ella por su carácter tan alegre.El grupo coordinador de esta zona constituye uno de los más eficaces de la capital villaclareña, Regla Dennis se siente satisfecha por la labor desempeñada hasta la fecha. «Nos reunimos mensualmente para analizar los problemas existentes. Seguir bien de cerca cada caso permite garantizar la evolución del aprendizaje de los 391 pequeños que atendemos en nuestra comunidad.»
Compartir entre sí sus fantasías constituye el mayor placer de los infantes. Juntos disfrutan cada miércoles en la mañana de los espacios creados para ellos en Muñeca Negra y del programa Currucucú, el cual se transmite por el canal educativo para los infantes de la edad preescolar. Aunque pueden verlo en sus casas ellos prefieren hacerlo en compañía de sus amiguitos porque como manifestó Yaneibis: «Aquí todos tenemos muchos juguetes».
DATOS DE INTERÉS
· En Villa Clara son atendidos 38 mil 16 niños, comprendidos entre las edades de 0 a cinco años, a través del programa Educa a Tu hijo.
· En este programa participan 657 promotores que pertenecen a las escuelas y círculos infantiles radicados en los 141 consejos populares.
· La función de ejecutores se realiza mediante el esmerado trabajo de la Federación de Mujeres Cubanas, organización que ha aportado un total de 560 féminas que de forma voluntaria contribuyen a la formación de los infantes.
· Asimismo existen mil 196 padres o familiares ejecutores, a los cuales se suman mil 803 médicos y enfermeras.· Para que el programa avance en su total magnitud se necesita de la participación más sistemática de los ejecutores del INDER y Cultura.
Latinoamérica huele a algo diferente. Su fragancia trae el contenido moral del actor indispensable de ese «extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo». Desde la década del sesenta el Che nos hablaba de ese hombre nuevo. Los escépticos no querrán reconocerlo, pero su personalidad se yergue en este minúsculo punto de la geografía mundial. Por aquí desanda los caminos, e incluso se traslada más allá de los mares para compartir pesares y bienaventuranzas junto a pueblos hermanos. En pleno siglo XXI pocos cubanos se sorprenden ante la presencia de este aliento humano, indispensable de una sociedad democrática. A través de la historia, se conocen los pensadores más avanzados, quienes en cada época reflexionaron sobre la necesidad de convertir al hombre en la medida de todas las cosas, cuando el sentido común parecía confirmar lo opuesto. La ilación de ideas, desde Félix Varela hasta Fidel Castro, permite constatar ese hálito renovador. Martí, fue universal al hablar del hombre homagno; el Che lo hizo más contemporáneo, y Fidel, con su definición de capital humano, completa un tríptico de ideas necesarias para enfrentar la globalización neoliberal y avanzar hacia «la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación». Con preclaridad en sus pensamientos, el líder de la Revolución cubana plantea que sin cultura no hay libertad posible y pone en manos de las nuevas generaciones oportunidades que no se deben desaprovechar. Las puertas se abren al conocimiento y estoy convencida de que la multitud acepta este aire esperanzador. Venga de cabezas rapadas o melenudas, de vestimentas estrafalarias, o más conservadoras. De muchachas y muchachos entremezclados, desinhibidos y capaces de cultivar el amor en todos los colores posibles. Cierto es que ellos imponen un ritmo de vida agitado. De música escandalizante, de aretes y tatuajes en el lugar menos imaginado del cuerpo. Son tiempos de una semidesnudez desmedida, pero el ropaje interior, el de los sentimientos, valida el paradigma guevariano de manera cotidiana. ¿Quién no se contagia con el palpitar de una generación portadora de los principios éticos de su héroe más cercano? Porque, para muchos, el Guerrillero Heroico no es la simple estampa que exhiben en una camiseta, sino la ofrenda diaria de imitarlo. Aún después del despunte de la crisis económica a finales del siglo pasado, en Cuba lo olfateaban sin espanto y se promovió sin reparos el prototipo de hombre sugerido por el Che. Ante la caída del campo socialista se aceleró la formación de una conciencia humanista, colectivista, patriótica e internacionalista. Mientras que por el mundo crecía el número de adeptos a las teorías de fin de la historia, planteada por Francis Fukuyama, este pedacito de tierra del Caribe insular se llenaba de las esencias necesarias para demostrar todo lo contrario. Lejos de desvirtuarse el propósito de crear un modelo de hombre propio de nuestro proyecto social, aquí se concretó la idea de verlo actuar y asumir sus responsabilidades, en correspondencia con las condiciones histórico-concretas. El amplio debate sobre la pérdida, o no, de valores humanos, obligó a buscar métodos más efectivos en la educación de la población juvenil. Como resultado, además de incrementarse las opciones para el mejor empleo del tiempo libre, entre los adolescentes crece el apego a lo nacional. La juventud se descubre a sí misma y toma conciencia de la necesidad de defender, cuidar y acumular principios y convicciones tan superiores como los de sus padres y abuelos. Caminar hacia el progreso significa sumarse a los Valientes, que imparten clases en las secundarias básicas, a los trabajadores sociales conocedores de inquietudes, a los deportistas y médicos que realizan una campaña de ternura y ciencia por los cerros venezolanos. A quienes levantan espiritualidades en el centro y sur del continente. En efecto, el ambiente se contamina con tanto compromiso. Aunque se trate de una imagen inacabada, ahí está el hombre nuevo. Invade todos los espacios, con individualidades diversas, de carne y hueso, pero sin desligarse. Cada una supera las diferencias y se unifican para trabajar, luchar y morir día a día por lograr un mundo de justicia y equidad. Con las frentes levantadas respiran hasta lo profundo y se llenan sin temor del nuevo perfume, apacible y cambiante que se expande por Latinoamérica desde esta Isla tan chiquita.
Si bien para toda la humanidad José Martí se presenta como un hombre de ideas universales, no es menos cierto que a través de su pensamiento se vislumbra su capacidad de acción. Por eso, los latinoamericanos, y en particular los nacidos en esta isla, hemos acogido durante décadas –y como parte de nuestra idiosincrasia- el ideario martiano pues, nos ha correspondido ocupar la posición de actores, a fin de llevar a la práctica la línea política concebida por Martí. De ahí que como afirmara Raúl Valdés Vivó “al asaltar el Cuartel Moncada, el martiano desde adolescente que reunió y dirigió a los asaltantes, proclamó la autoría intelectual del Maestro”, y, de esta manera convocó a la juventud del 53 para revivir a Martí en momentos en que parecía que iba a morir. Quizás porque aquellos valerosos muchachos, desde su humildad, supieron aprender entre sus convicciones algo que decía el Apóstol: “Mientras hay que guerrear, en la guerra deben estar todos los jóvenes”. Valdés Vivó lo sintetiza al afirmar que los héroes del pueblo nunca mueren mientras otros toman su misma senda del heroísmo. Sin dudas, el joven Fidel y en quienes se aglutinaron a su alrededor se cristalizó el pensamiento de una generación auténtica, con efervescente espíritu revolucionario, cuyo mérito radica en haber sido capaces de convertir un revés en victoria, a partir de la derrota táctica del 26 de julio de 1953. Ellos reiniciaron la lucha del mismo modo con que Martí se propuso convertir las frustraciones de la guerra del 68 en los triunfos de la iniciada el 24 de febrero del 95, aun cuando su destino final se interrumpió por la pérfida intervención militar de Estados Unidos. Precisamente, ese hecho se convirtió en el punto de mira que permitió trazar la estrategia final de la lucha insurreccional del Ejército Rebelde, a finales de 1958. Desde su posición de líder, Fidel se percató a tiempo de que una vez alcanzado el triunfo en el terreno militar resultaba inminente evitar una intervención que impidiera la victoria, la cual se garantizó con la huelga general el primero de enero de 1959. Desde entonces, los cubanos podemos decir que si bien Martí nos legó cómo actuar, Fidel nos enseña a vencer.